Ya hace muchos años Darwin escribió que sólo los mejor adaptados a los cambios de su entorno van a sobrevivir.

Este es el desafío que enfrentan hoy muchas empresas que ante los cambios, producto de la innovación tecnológica, la globalización de los mercados, la interactividad de los clientes, que las vuelven obsoletas en su accionar, al buscar en el pasado la respuesta al futuro.

Innovación es un proceso por el cual transformamos una idea en una propuesta de valor por la cual, de ser reconocida por sus clientes potenciales, genera una tasa de crecimiento superior a la media de la industria. Siendo condición necesaria para su implementación, el reconocimiento de su valor futuro.

Todo esto inmerso dentro de un contexto que se vuelve cada día más amplio, con empresas y personas que se mueven entre organizaciones, países, culturas y formatos económicos diferentes. Y deben ser eficientes y efectivos en cada uno de ellos a fin de lograr competir en un mercado globalizado.

Dado que una organización está formada por individuos, el grado de exposición  que éstos van a tener ante esta nueva realidad, va a estar condicionado por sus actitudes y valores e historia. Esta atención selectiva determina entonces el grado, y sobre todo el tiempo, en que una nueva forma de actuación es incorporada a la empresa. Las empresas que reconocen estos cambios, que los hacen propios, tienen la posibilidad de crear valor a futuro e incluso de transformarse en jugadores globales.

Aquellos que las niegan, en potenciales futuros recuerdos. Hoy, los que tenemos más de 45 años somos la última generación que va a recordar el Momento Kodak.

En muchos casos las empresas resisten o dificultan la incorporación de nuevas prácticas, ya sea por inercia, al tratar de sostener los modelos de negocio que en su momento la hicieron crecer; por imitación, al copiar los modelos de éxito de otras empresas; o por miopía, es decir, la incapacidad de entender lo que trae aparejado un nuevo contexto.

Tratar de repetir las formulas de éxito del pasado, es como utilizar el retrovisor para conducir al futuro. Es la clara receta del fracaso.

Una empresa es un organismo que realiza permanentemente actividades económicas para obtener beneficios en un mercado determinado. Dichas actividades se producen o desarrollan en distintos entornos tanto geográficos como sociales o tecnológicos  e implican distintos tipos de especializaciones ya sea en productos o servicios para satisfacer consumidores que cambian junto con  el contexto.

Desde siempre las empresas  se vinculan tanto con sus proveedores y sus clientes, incluso con sus competidores, en relaciones que pueden ser de colaboración o competencia, pero que hoy se  enmarcan en un sistema abierto,  en permanente interacción con múltiples entornos. Es decir, en permanente transformación o mutación a fin de sobrevivir

En el caso de muchas empresas latinoamericanas, pese al creciente interés en actualizar sus estrategias competitivas ante un escenario cambiante, el factor común es el desconocimiento de los medios que conducen a nuevos espacios competitivos, manteniendo su rentabilidad.

Por ello, el diagnóstico del contexto se vuelve clave.

¿Cuáles son los cambios que son relevantes en mi industria?, ¿Quién es y sobre todo, quién va a ser mi cliente?¿De donde puede surgir la competencia? , son alguna de las preguntas que no podemos dejar de hacernos.

La velocidad del cambio del entorno así como la capacidad de la organización para adaptarse, deben ser evaluados y comprendidos a fin de desarrollar estrategias adecuadas en los tiempos correctos y de esta manera permanecer competitiva a futuro.

La no incorporación de estrategias o el retraso en la implementación de estos cambios, generan no solamente pérdida de oportunidades de corto plazo, sino también el desfasaje entre la realidad percibida por el cliente, la competencia y la empresa.

Donde todo actúa como un factor desmotivador entre los mismos miembros de la organización que pierden iniciativa y en el largo plazo, buscan nuevas oportunidades o desafíos fuera de la empresa, creando un círculo vicioso, donde aquellos que no ven el futuro son los que finalmente tienen que proyectarlo.

Dicen que el primer paso para curarse es reconocer la enfermedad. Por ello, empecemos por buscar un buen termómetro. No sea que ya tengamos fiebre.

Acerca del Autor

Autor
Raymond Schefer

Doctor of Business Administration (SBS, Suiza). MBA (City University, Zurich). Ingeniero Industrial (U.N. Cuyo, Arg). Ex gerente comercial en empresas de Europa y Latinoamérica. Coautor del libro “El management ante el desafío de la turbulencia”..