Según las palabras de Alfredo Diez, docente de ADEN Business School, cuando hablamos de habilidades directivas en el siglo XXI ya no podemos referirnos a un jefe que ordene, mande o castigue; necesitamos un líder que apele al trabajo y desarrollo de su inteligencia emocional. Actualmente se ha observado a través de estadísticas y estudios que cuanto más satisfecha está una persona en su trabajo más rinde y mejora sus resultados; es matemática pura.

Nos referimos al desarrollo y fortalecimiento de una inteligencia emocional en nuestros directivos que le permita tener la capacidad para reconocer sus propias emociones y las de su equipo de trabajo para poder gestionarlas correctamente. Sumándole además la capacidad de motivarse, liderarse, sin la necesidad de esperarlo de los demás.

Un directivo debe tener competencias emocionales para ser líder en el siglo XXI, una posición otorgada por el equipo y por su confianza generada. Un buen líder no se autonombra, sino que el líder es aquél al que los demás le atribuyen el liderazgo, y no le vale de nada lo que pone en su tarjeta de visita o en el cartel que cuelga de su puerta.

Hoy en día, un directivo de éxito que se transforma en un líder, es aquél que tiene autocontrol, capacidad de comunicación, que sabe escuchar, que genera confianza, que tiene sensibilidad interpersonal y que sabe guiar. Es más, está comprobado que el 85% de la importancia y capacidad de arrastre y buenos resultados de un líder depende de su gestión interpersonal. No por recortar más gastos y ahorrar más costes se es mejor directivo. El jefe que escucha, que es receptivo, que valora a las personas de su equipo y que interactúa con ellas es el jefe del siglo XXI.

Las emociones solían ser un tabú en la empresa, actualmente todos los estudios reconoce que las emociones van de casa al trabajo y del trabajo a casa; así lo que realmente distingue a un ejecutivo o a un jefe de equipo de alto rendimiento es su capacidad de empatía, mucho más que su currículum.

¿Cuál es la importancia de la inteligencia emocional?

La importancia de la inteligencia emocional es optimizar el rendimiento tanto personal como profesional. Cuanto más satisfecha está la persona en su puesto de trabajo más va a rendir, y cuanto mayor sea su rendimiento más va a repercutir positivamente en la cuenta de resultados de la empresa y por tanto mayor será el rendimiento financiero.

El individuo necesita sentirse bien con su directivo y en la empresa, que es el lugar donde pasa la mayor cantidad de horas diarias. Por ello, un buen directivo que sea un verdadero líder debe ayudar a los empleados a que se encuentren felices y así es como los vinculará a la compañía y llegarán los resultados.

Trabajando sobre la motivación de mi equipo aumento la satisfacción del cliente, lo que redunda en un sustancial aumento económico. Asimismo el trabajador no debe quedarse esperando que su jefe lo motive y estimule para hacer su trabajo, uno de los conceptos fundamentales de la inteligencia emocional radica en la capacidad del individuo de automotivarse. Este debe hacer su propio esfuerzo de autoestimulación.
En esta tarea de introspección y autoconocimiento es positivo que pueda hablar con su jefe y decirle lo que siente y lo que quiere para trabajar en forma más eficiente, defendiendo su competencia con madurez y firmeza para finalmente lograr que su jefe lo comprenda y puedan trabajar en forma colaborativa.

Si un directivo no comprende la base del liderazgo y el coaching de rendimiento, no podrá ser un buen líder en estos tiempos, porque su esquema será antiguo y obsoleto, ya que simplemente con el “ordeno, mando y castigo”, el trabajador va a cumplir lo justo y nada más. Hoy en día es necesario desarrollar otros tipos de habilidades que requieran un análisis de la inteligencia emocional.

Los trabajadores son el alma de una empresa, porque son los que hacen que los resultados crezcan o decrezcan. Usted puede ganar mucho dinero, pero eso lo hace posible el equipo que tiene de trabajadores. Es simple, si son humanos no son recursos.