Hay un momento —casi imperceptible— en la vida de muchos ejecutivos experimentados en el que las respuestas empiezan a llegar demasiado rápido. No porque sean obvias, sino porque se repiten. La experiencia ordena, el método tranquiliza y los marcos conocidos ofrecen una sensación de control. Sin embargo, el entorno ya no se comporta como antes. Las decisiones se toman con información incompleta, los modelos se vuelven obsoletos antes de consolidarse y la intuición, por sí sola, deja de alcanzar.
En ese punto, la formación deja de ser una cuestión de contenidos y se convierte en una cuestión de exposición. Exposición a otros ritmos de decisión, a culturas empresariales que piensan distinto el riesgo, a organizaciones que operan bajo supuestos que no coinciden con los propios. No se trata de viajar para aprender, sino de desplazarse intelectualmente: salir del marco habitual para volver a mirar con otros ojos.
El Senior Executive Program se construye sobre esa lógica. No propone un recorrido único ni una narrativa cerrada, sino un sistema de experiencias internacionales que funcionan como espacios de contraste. Cada workshop introduce al participante en un ecosistema donde las decisiones no se explican: se observan. Donde la estrategia no se enuncia como teoría, sino como práctica cotidiana en contextos de alta presión.
El Senior Executive Program como arquitectura de aprendizaje
El Senior Executive Program (SEP) se apoya en una idea simple, pero poco habitual en la formación ejecutiva: no todos los líderes necesitan atravesar las mismas experiencias para fortalecer su criterio. En lugar de proponer un recorrido fijo, el programa ofrece una arquitectura abierta que permite diseñar un camino propio a partir de workshops internacionales cuidadosamente seleccionados.
Durante 2026, el SEP brinda la posibilidad de elegir tres workshops entre cuatro experiencias disponibles, cada una situada en un contexto estratégico distinto. Esta estructura introduce un cambio relevante en la lógica del aprendizaje: la formación deja de ser un trayecto predeterminado y pasa a convertirse en una decisión consciente. Elegir qué experiencias vivir, y cuáles dejar fuera, forma parte del proceso formativo.
Cada workshop funciona como una unidad completa en sí misma, con objetivos claros, dinámicas intensivas y foco en problemas reales de la alta dirección. Al mismo tiempo, el programa está pensado para que esas experiencias dialoguen entre sí. No se trata de acumular vivencias, sino de poner en relación distintos entornos de decisión, observar cómo varían las prioridades, los tiempos y los criterios según el contexto, y extraer aprendizajes transferibles al propio rol ejecutivo.
Esta lógica resulta especialmente relevante para perfiles con trayectoria. Ejecutivos que ya han liderado equipos, gestionado crisis o impulsado transformaciones suelen enfrentarse a un desafío distinto: evitar que la experiencia se transforme en rigidez. El SEP trabaja precisamente en ese punto, ofreciendo escenarios que obligan a contrastar supuestos, revisar hábitos de decisión y ampliar el marco desde el cual se interpreta la complejidad.
Diversos workshops, una lógica común
El Senior Executive Program no se organiza como una agenda de viajes ni como una secuencia de contenidos prediseñados. Su lógica es más exigente: propone exponer al ejecutivo a distintos contextos reales de toma de decisiones y obligarlo a construir sentido a partir del contraste. En 2026, ese ejercicio se despliega en cuatro destinos internacionales —San Francisco, Washington, Barcelona y Miami— entre los cuales el participante elige tres.
Esa estructura introduce una primera capa de aprendizaje antes incluso de comenzar el programa. Elegir implica priorizar, y priorizar siempre supone dejar algo fuera. El SEP incorpora deliberadamente esa tensión porque replica, en el plano formativo, la misma lógica que atraviesa la gestión estratégica: no todo es igualmente relevante para todos los líderes en todo momento.
Lo que une a los cuatro workshops no es el tema ni el formato, sino el tipo de entrenamiento que proponen. En todos los casos, el participante se enfrenta a decisiones complejas, pero bajo reglas distintas. Cambian los actores, los incentivos, los tiempos y los márgenes de error. El aprendizaje surge, precisamente, de entender por qué una decisión razonable en un contexto puede resultar ineficaz —o incluso riesgosa— en otro.
San Francisco: innovación, velocidad y riesgo como sistema
En San Francisco, el workshop se desarrolla en el ecosistema que mejor representa una lógica de decisión acelerada. Aquí, la innovación no es un proyecto paralelo ni un área específica: es la forma habitual de operar.
Innovar como acto cotidiano, no como épica
Lejos de la narrativa heroica de la innovación, el ecosistema de San Francisco muestra algo más sobrio y más exigente: innovar es un hábito organizacional. No hay grandes discursos ni revelaciones finales, sino pequeñas decisiones reiteradas que, con el tiempo, cambian el rumbo.
El workshop Silicon Valley permite observar cómo las empresas convierten la experimentación en sistema y el aprendizaje en rutina. El error deja de ser un evento traumático y pasa a ser una señal más dentro del proceso. No se celebra ni se castiga: se interpreta. Para ejecutivos acostumbrados a culturas donde el error se oculta o se justifica, este enfoque resulta tan simple como disruptivo.
Liderar cuando no hay mapas
San Francisco expone un tipo particular de liderazgo: aquel que no se apoya en mapas detallados, sino en capacidad de orientación. El líder no es quien conoce el camino, sino quien sabe leer señales, ajustar el rumbo y sostener la dirección aun cuando el paisaje cambia.
Esta forma de liderazgo exige una habilidad poco entrenada en la formación tradicional: tolerar la ambigüedad sin perder autoridad. El workshop pone al participante frente a esa tensión. No ofrece recetas, pero sí un espejo incómodo: ¿cuántas decisiones se postergan por buscar certezas que el contexto ya no ofrece?
Tecnología que amplifica, no que reemplaza
En San Francisco, la tecnología —y especialmente la inteligencia artificial— aparece como una extensión de la capacidad de decidir. No sustituye al criterio humano: lo amplifica. Y, al hacerlo, también amplifica sus errores. Una mala decisión automatizada escala más rápido; una buena, también.
El aprendizaje clave no está en dominar herramientas, sino en asumir la responsabilidad ampliada que trae la automatización. Gobernar tecnología es, en última instancia, gobernar decisiones que ya no se toman una por una, sino en serie. Este desplazamiento redefine el rol del ejecutivo y exige una ética de la decisión más consciente.
Washington: estrategia, poder e instituciones
El workshop en Washington introduce una dimensión distinta del liderazgo: la relación entre estrategia empresarial, contexto institucional y entorno macro. Aquí, las decisiones no se toman únicamente en función del mercado, sino también de regulaciones, políticas públicas, marcos legales y dinámicas de poder.
El foco no está en la coyuntura política, sino en desarrollar una lectura más amplia del tablero donde operan las organizaciones.
Gobernar la complejidad: el rol del board y la alta dirección
Uno de los aportes más valiosos de Washington dentro del Senior Executive Program aparece en su impacto sobre perfiles de alta dirección y miembros de juntas directivas. Aquí, la conversación se desplaza del “qué hacer” al “desde dónde decidir”. La gobernanza cobra protagonismo.
El entorno invita a pensar preguntas que rara vez ocupan el centro de la agenda operativa:
¿Quién define las reglas que afectan al negocio?
¿Con qué actores es necesario dialogar antes de ejecutar una decisión?
¿Qué riesgos no aparecen en los estados financieros, pero sí en el entorno institucional?
Washington entrena una mirada que resulta clave para organizaciones que operan en sectores regulados, mercados sensibles o contextos de alta exposición pública.
Poder, narrativa y legitimidad
A diferencia de otros ecosistemas, en Washington el poder no siempre se ejerce de forma visible. Muchas decisiones se construyen a través de narrativas, consensos, influencias y legitimidades que se desarrollan en el tiempo. Entender este entramado implica reconocer que la forma en que una organización cuenta lo que hace puede ser tan relevante como lo que efectivamente hace.
El workshop expone cómo líderes y organizaciones trabajan su posicionamiento institucional, construyen credibilidad y sostienen relaciones de largo plazo con actores clave. Para ejecutivos enfocados exclusivamente en resultados de corto plazo, este enfoque suele resultar revelador: hay decisiones que no se miden inmediatamente en ROI, pero que definen la viabilidad futura del negocio.
Decidir cuando no todo depende de uno
Washington confronta al líder con un límite estructural: no todas las decisiones pueden ejecutarse de manera unilateral. Existen restricciones externas, intereses cruzados y tiempos que no responden a la lógica empresarial. Lejos de ser un obstáculo, este reconocimiento puede fortalecer el criterio ejecutivo.
El aprendizaje central no es resignarse a la falta de control, sino aprender a decidir con inteligencia dentro de ese marco. Ajustar expectativas, anticipar escenarios y elegir batallas se vuelve parte esencial del rol directivo. La madurez estratégica aparece cuando el líder deja de pelear contra el contexto y empieza a leerlo con mayor precisión.
Barcelona: inteligencia artificial, gobernanza y decisión responsable
En Barcelona, la conversación sobre tecnología adopta un tono distinto. No porque la innovación avance más lento, sino porque avanza con preguntas más complejas. Aquí, la inteligencia artificial no se presenta como una promesa futurista ni como una carrera por llegar primero, sino como una fuerza ya instalada que obliga a repensar cómo se gobiernan las decisiones dentro de las organizaciones.
Para muchos ejecutivos, este entorno resulta revelador. Después de la aceleración que propone San Francisco y de la lectura institucional que exige Washington, Barcelona introduce una tercera capa: la necesidad de decidir bien cuando la tecnología ya está decidiendo por nosotros.
Cuando automatizar deja de ser solo una decisión técnica
Uno de los aprendizajes centrales de este workshop es que la inteligencia artificial no es un problema de sistemas, sino de liderazgo. Automatizar procesos, delegar decisiones en algoritmos o escalar modelos predictivos implica definir criterios, valores y prioridades que ya no pueden corregirse caso por caso.
Barcelona expone con claridad esta tensión. Cada decisión tecnológica tiene consecuencias organizacionales: modifica roles, altera responsabilidades y redefine qué se considera una “buena decisión”. El foco deja de estar en la herramienta y se desplaza hacia quién diseña las reglas bajo las cuales la herramienta opera.
Este desplazamiento interpela especialmente a directores generales, responsables de transformación digital y miembros de juntas directivas, que deben asumir un rol activo en decisiones que tradicionalmente se delegaban por completo en áreas técnicas.
Gobernar la IA: una nueva frontera del liderazgo
El workshop en Barcelona pone sobre la mesa una pregunta que rara vez aparece en la agenda diaria, pero que resulta decisiva: ¿quién gobierna las decisiones cuando estas se toman a gran escala y en tiempo real? La inteligencia artificial amplifica decisiones pequeñas y las vuelve estructurales. Un sesgo mal definido deja de ser anecdótico; se convierte en sistema.
Barcelona propone pensar la IA desde la gobernanza. No para frenar su adopción, sino para integrarla con criterios claros de responsabilidad, transparencia y control. El aprendizaje no está en oponerse a la automatización, sino en entender dónde termina la eficiencia y empieza el riesgo reputacional, legal o cultural.
Cultura organizacional en tiempos de algoritmos
Otro eje clave del workshop es el impacto de la inteligencia artificial en la cultura interna. Decidir con tecnología no solo cambia procesos; cambia la forma en que las personas entienden su rol, su autonomía y su responsabilidad. Cuando una recomendación algorítmica se impone como verdad incuestionable, el criterio humano corre el riesgo de diluirse.
Barcelona invita a reflexionar sobre cómo sostener culturas donde la tecnología acompaña la decisión, pero no la sustituye. El liderazgo aparece aquí como un acto de equilibrio: aprovechar la potencia de la IA sin erosionar la capacidad crítica de los equipos.
Miami: competitividad, talento y expansión en clave regional
El workshop en Miami se sitúa en un entorno híbrido, donde confluyen dinámicas de América Latina y Estados Unidos. Aquí, las decisiones estratégicas suelen estar atravesadas por expansión, gestión del talento, adaptación cultural y necesidad de ejecución rápida.
El crecimiento como problema, no como objetivo
En Miami, crecer no es una consigna aspiracional. Es una fuente concreta de tensiones. Más operaciones implican más personas, más procesos, más fricciones culturales. El workshop expone una paradoja frecuente en empresas en expansión: el mismo crecimiento que valida la estrategia puede ponerla en riesgo si no se acompaña con decisiones adecuadas.
Este entorno obliga a revisar supuestos habituales. No toda expansión agrega valor. No toda oportunidad conviene tomarse. Miami entrena al ejecutivo en un tipo de discernimiento menos visible, pero crucial: saber cuándo acelerar y cuándo ordenar, cuándo sumar mercado y cuándo fortalecer estructura.
Talento diverso, decisiones complejas
Uno de los ejes más sensibles del workshop es la gestión del talento en contextos culturalmente diversos. Miami funciona como un cruce de identidades, expectativas y formas de trabajar. Las decisiones sobre liderazgo, incentivos y cultura organizacional adquieren aquí una complejidad particular.
El aprendizaje no pasa por recetas universales de recursos humanos, sino por leer dinámicas humanas en escenarios de alta presión competitiva. Dirigir equipos diversos exige algo más que buenas intenciones: requiere criterio para sostener coherencia sin uniformar, y flexibilidad sin perder rumbo.
Competir cuando el mercado no espera
A diferencia de otros destinos, este expone con crudeza una realidad que muchos ejecutivos conocen bien: el mercado rara vez concede tiempo para “ordenar todo” antes de competir. Las decisiones deben tomarse mientras la operación está en marcha, los equipos crecen y las demandas se multiplican.
Este workshop en Miami permite observar cómo organizaciones reales equilibran visión estratégica con pragmatismo operativo. El foco no está en la innovación disruptiva, sino en la capacidad de ejecutar bien en contextos exigentes, donde el error tiene costos inmediatos y la indecisión también.
Expansión regional sin pérdida de identidad
Para empresas latinoamericanas, Miami suele representar un paso clave en su proyección internacional. El workshop analiza cómo sostener identidad, cultura y propuesta de valor al operar en mercados más amplios y competitivos. No se trata de “adaptarse a todo”, sino de decidir qué se adapta y qué se preserva.
Esta tensión resulta especialmente relevante para organizaciones familiares, compañías en proceso de profesionalización y ejecutivos que deben traducir una visión global en prácticas locales.
El valor de elegir: Personalización estratégica del propio desarrollo ejecutivo
En el Senior Executive Program, la posibilidad de elegir no es un beneficio logístico ni un gesto de flexibilidad académica. Es, en sí misma, una instancia formativa. Elegir tres workshops entre cuatro obliga al ejecutivo a hacer algo que conoce bien, pero rara vez traslada a su propio desarrollo: priorizar con criterio, asumir renuncias y sostener una decisión en el tiempo.
En un entorno empresarial donde la agenda se llena de urgencias y el aprendizaje suele quedar subordinado a la disponibilidad, el SEP invierte la lógica. No pregunta qué contenidos conviene sumar, sino qué tipo de líder conviene ser hoy. Y esa pregunta no admite respuestas automáticas.
No todos los líderes enfrentan el mismo problema
Uno de los supuestos más discutibles de la formación ejecutiva tradicional es la idea de que existe un recorrido óptimo válido para todos. El SEP parte de una premisa distinta: el valor del aprendizaje aumenta cuando dialoga con el momento profesional y los dilemas reales del participante.
Un CEO que lidera una organización consolidada no enfrenta las mismas tensiones que un fundador en etapa de crecimiento. Un miembro de junta directiva no toma decisiones con el mismo horizonte que un director funcional inmerso en la operación diaria. Elegir los workshops implica reconocer esas diferencias, en lugar de diluirlas bajo una currícula uniforme.
En este sentido, la elección de workshops funciona como un diagnóstico implícito. Revela qué se busca reforzar y qué se está dispuesto a cuestionar.
Elegir el contexto que mejor desafía el rol
Cada destino propone un tipo distinto de incomodidad intelectual. San Francisco tensiona la relación con el riesgo y la velocidad; Washington amplía la lectura del entorno y la gobernanza; Barcelona interpela la forma en que se gobierna la tecnología; Miami obliga a traducir estrategia en ejecución sostenida.
Elegir no significa optar por lo “más atractivo”, sino por lo más desafiante para el rol que se ocupa. Algunos líderes necesitan alejarse de la urgencia operativa para pensar con más perspectiva; otros, salir del análisis excesivo y volver a poner las decisiones en movimiento. El contexto elegido actúa como espejo: devuelve una imagen menos complaciente, pero más útil.
Toda elección deja algo fuera. En el SEP, esa renuncia no se oculta ni se minimiza; se asume como parte del proceso. No participar en uno de los workshops disponibles implica aceptar que no todo es prioritario al mismo tiempo, una lección tan simple como difícil de aplicar en la vida ejecutiva.
Este gesto tiene un valor simbólico fuerte. Enseña que el desarrollo no consiste en acumular experiencias, sino en articularlas con sentido. Que decir “no ahora” también es una forma de liderazgo, y que la claridad estratégica se construye tanto con elecciones como con límites.
Del viaje al impacto: volver con decisiones, no solo con ideas
En el Senior Executive Program, el viaje no funciona como un paréntesis en la agenda ejecutiva. No es una pausa ni un premio. Es un desplazamiento deliberado que cobra sentido cuando el participante vuelve a su contexto habitual y descubre que algo cambió. No necesariamente lo que piensa, sino cómo decide, con quién conversa y desde qué marco interpreta los problemas.
Salir del entorno habitual tiene un efecto que va más allá del aprendizaje formal. Cambiar de ciudad, de ritmo y de referencias obliga a suspender automatismos. El ejecutivo deja de responder desde la inercia y empieza a observar con mayor atención. Las preguntas se vuelven más profundas porque el contexto ya no las responde de memoria.
Uno de los efectos más consistentes de estas experiencias internacionales aparece en el tipo de conversaciones que se generan. Fuera del marco habitual de la empresa, los diálogos se vuelven menos defensivos y más exploratorios. Ejecutivos de distintos países, industrias y trayectorias comparten dilemas que, en otro contexto, rara vez se verbalizan.
Estas conversaciones no terminan con el workshop. Se transforman en vínculos que continúan, en intercambios que reaparecen meses después, cuando surge una decisión compleja o una situación inesperada. El aprendizaje deja de ser individual y pasa a ser relacional, sostenido en una red de pares que enfrentan desafíos similares desde realidades distintas.
El valor alumni: pertenecer a una comunidad de criterio
Aquí es donde el rol de la comunidad alumni adquiere un peso estratégico. No se trata de pertenecer a una red por afinidad institucional, sino de integrar una comunidad que comparte un modo de pensar las decisiones. La experiencia internacional actúa como un lenguaje común: quienes la atravesaron saben desde dónde habla el otro.
El beneficio de ser alumni no es inmediato ni utilitario. No garantiza oportunidades ni soluciones prefabricadas. Ofrece algo más sutil y más valioso para la alta dirección: acceso a miradas externas con legitimidad, a conversaciones donde no hace falta explicar el contexto desde cero, a vínculos donde la experiencia compartida reduce la superficialidad.
Al regresar, el ejecutivo no trae respuestas cerradas. Trae mejores preguntas. Preguntas que ordenan conversaciones internas, que elevan el nivel del debate estratégico y que permiten identificar riesgos u oportunidades que antes pasaban desapercibidos.
Preguntas frecuentes sobre el Senior Executive Program
¿El SEP está pensado solo para altos ejecutivos?
No. El programa está orientado a directivos, gerentes y profesionales con experiencia en roles de decisión, incluyendo CEOs, C-level, miembros de juntas directivas y líderes de áreas clave. Los workshops están diseñados para perfiles que ya enfrentan decisiones estratégicas y buscan ampliar su criterio en contextos internacionales.
¿Qué tipo de empresas se benefician más del programa?
Se benefician especialmente empresas en contextos de transformación, crecimiento o alta complejidad, tanto organizaciones consolidadas como compañías en expansión regional o internacional. Los contenidos y experiencias están pensados para realidades diversas de América Latina y su interacción con entornos globales.
¿Las experiencias cambian de un año a otro?
Sí. Los workshops internacionales se actualizan periódicamente en función de tendencias globales, contextos económicos y temáticas estratégicas relevantes. Si bien se mantienen los ejes centrales —innovación, liderazgo, tecnología y competitividad—, los enfoques y actividades se renuevan año a año.
¿Se obtiene algún tipo de certificación o reconocimiento?
Sí. Al finalizar cada workshop, los participantes reciben una certificación ADEN Silicon Valley Hub, altamente valorada en el ámbito empresarial, y la experiencia forma parte del recorrido académico del Senior Executive Program. Además, la finalización de los workshops incluye instancias formales como ceremonias de cierre o graduación, según el destino.
¿Se puede participar junto a colegas de la misma empresa?
Sí. Los materiales oficiales contemplan la participación de más de una persona de una misma organización, incluso con beneficios asociados a la inscripción conjunta. Esta modalidad favorece el aprendizaje compartido y la alineación estratégica al regresar a la empresa.

