Emprendedor: cómo mejorar tu imagen profesional

La imagen que proyectamos al mundo dice mucho de nosotros, al punto que puede convertirse en un factor de éxito o fracaso al momento de realizar importantes negocios.

Comunicamos, aunque no lo busquemos, todo el tiempo estamos comunicando. De forma verbal o no verbal nos presentamos ante los demás.

Cada uno de nosotros proyecta un concepto de sí mismo ante los distintos grupos sociales que nos rodean, tales como familia, pareja y compañeros de trabajo, pero ¿debe ser siempre el mismo?

La respuesta claramente es NO. Debemos tener en cuenta de la importancia de adaptar nuestra imagen personal a cada ámbito en el que nos encontramos. Una vez que seamos conscientes de esto, podremos trabajarla de forma constante y racional.

Cuando hablamos de pasar de nuestra imagen personal a la profesional no solamente nos referimos a cómo nos vestimos, sino también la forma en la que nos paramos, movemos y presentamos frente a aquellas personas con las cuales debemos concretar un negocio.

Si bien en la actualidad el concepto de formalidad ha comenzado a tener un estilo “más relajado”, no debemos perder de vista que no es lo mismo una reunión con tus compañeros de trabajo a una reunión con inversionistas con la cual buscas conseguir financiamiento para tu empresa.

De la imagen personal a la profesional

Aunque la mayoría de los jóvenes profesionales no quieren sentir que deben seguir una etiqueta de comportamiento, los expertos recomiendan buscar un punto medio. ¿Cómo? Toma en cuenta las siguientes recomendaciones:

Usa la ropa adecuada para cada ocasión.

Parece redundante, pero recuerda la forma en la que te presentes frente a futuros inversionistas o incluso en una presentación pública donde debes contar sobre la misión y visión de tu empresa, definirá en gran parte el éxito de tus objetivos. Esto no quiere decir que siempre tengas que usar traje y corbata o un vestido de gala, sino que sepas acomodarte a cada momento y lugar.

No sólo estás mostrándote a ti mismo, sino que eres la imagen visible de la empresa. Debes preguntarte ¿qué es lo que quiere transmitir tu compañía a los demás? Cuando tengas la respuesta decide que ropa usarás.

Ten en claro tus objetivos

Sé muy claro sobre qué impacto buscas lograr con tu imagen. Hay quienes quieren ser tomados más en serio y buscan parecer más tradicionales, pero también hay personas que sueñan mostrarse más accesibles, modernas o estilizadas. Tal vez dejaste tu trabajo en el banco después de mucho tiempo y ahora trabajas en una agencia de publicidad, claramente podrás presentarte de forma más distendida. El punto es lograr que tu imagen deje un mensaje claro.

Posiciona tu imagen en Internet

Las redes sociales o páginas web se han convertido en una perfecta plataforma para los profesionales. Es importante entonces que lo que muestras allí sea un fiel reflejo de que cómo te presentas en tu vida cotidiana. Ten cuidado con el lenguaje que utilizas y la información que compartes, ya que todo es público y lo último que quieres es que vean a dos personas distintas.

Por ejemplo, Richard Branson se muestra de forma coherente tanto dentro como fuera de los medios digitales. Se muestra como un emprendedor informal y fresco, que mantiene ese espíritu innovador a pesar de tener casi 70 años. Esta es su imagen personal pero si te fijas bien también es un fiel reflejo de la imagen de Virgin Group.

Sé consciente del mensaje que das con tu cuerpo

Cuando ingreses a la sala de reuniones hazlo con confianza. Camina erguido y no dobles tus hombros para adelante. Tampoco metas tus manos en los bolsillos o cruces los brazos cuando te estén hablando, todo eso puede interpretarse como aburrimiento o que estás cerrado a nuevas ideas. Al momento de saludar, mira a los ojos, sonríe y da un fuerte apretón de manos.

Prepara tu presentación frente al público

Ensaya, ensaya mucho. El cliente, tu jefe o tu equipo comprarán mejor tu idea o propuesta si hay una presentación verbal, que sea concisa y presente la solución a un problema.

Si quieres acompañarla con una presentación por escrito, te recomendamos usar la regla 10/20/30 de Guy Kawasaki para hacer presentaciones. ¿En qué consiste? No presentes más de 10 láminas, no te tardes más de 20 minutos y la letra que utilices debe ser de gran tamaño (30 puntos). No satures de información, recuerda una de las reglas básicas de la comunicación: “menos es más”.

Crea un punto de atención sobre tu rostro

Aunque no lo creas, crear de forma consciente un punto llamativo cerca de tu cara generará que las personas dirijan su mirada hacia tu rostro y presten más atención de lo que dices.

Si eres hombre, lo puedes lograr por medio del uso de la corbata, pero si no te gusta o no la necesitas, puedes utilizar contrastes interesantes de colores, estampados o texturas cerca de tu rostro.

Por su parte, las mujeres pueden lograr este efecto a través de cuellos originales o accesorios atractivos tales como collares o pañuelos.

Recuerda, la imagen profesional no significa crear un producto falso de ti mismo, sino por el contrario una presentación estratégica en base al contexto en el que te muevas y lo que deseas lograr con ello.

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