Desde hace décadas, el gerente de proyectos ha sido definido por su capacidad para ordenar la complejidad: convertir objetivos difusos en planes ejecutables, coordinar voluntades diversas y tomar decisiones bajo presión. Hoy, sin embargo, ese oficio atraviesa una mutación silenciosa. La inteligencia artificial ya no se limita a automatizar tareas aisladas; comienza a dialogar con quien lidera el proyecto. En ese intercambio surge una nueva competencia, tan estratégica como poco visible: el prompt engineering, el arte de formular preguntas, instrucciones y marcos de análisis capaces de transformar a la IA en un verdadero copiloto.
Este artículo se adentra en esa relación emergente entre lenguaje y gestión, guiados por el análisis propuesto por María López Triaca en los tres tomos del manual AI aplicada a la gestión de proyecto. La experta en gestión de proyectos y miembro del Faculty de ADEN Business School, nos plantea, para empezar, que no se trata de aprender a “hablarle” a una máquina por curiosidad técnica, sino de comprender cómo el modo en que se estructura una consigna condiciona los escenarios que la IA devuelve, los riesgos que detecta y las decisiones que sugiere.
¿Qué hace la IA por nosotros exactamente?
La IA no toma decisiones finales ni asume responsabilidades: observa, procesa, sugiere y alerta. Actúa como un copiloto que amplía el campo de visión del líder del proyecto, permitiéndole anticipar escenarios que, hasta hace poco, requerían horas de análisis manual y múltiples capas de validación.
En la práctica, esto se traduce en capacidades concretas. La IA puede comparar escenarios de cronograma frente a cambios de alcance, detectar patrones de sobrecosto antes de que se materialicen o resumir grandes volúmenes de información operativa en reportes comprensibles para distintos niveles de la organización. María López Triaca señala que, durante las etapas de ejecución y monitoreo, la inteligencia artificial permite generar informes dinámicos, seguir indicadores en tiempo real y detectar riesgos críticos de forma temprana, liberando al gerente de tareas repetitivas y devolviéndole tiempo para el análisis estratégico
Imaginemos a un gerente que coordina la expansión simultánea de operaciones en varios países. Antes, consolidar avances, riesgos y desvíos implicaba reunir reportes heterogéneos, normalizar datos y reconciliar versiones. Hoy, con el apoyo de IA, ese mismo gerente puede acceder a una lectura integrada del estado del proyecto, con alertas priorizadas y proyecciones ajustadas a los cambios más recientes. El valor no reside solo en la velocidad, sino en la capacidad de enfocar la atención donde realmente importa.
Por qué el lenguaje se volvió una herramienta de gestión
Este nuevo diálogo con la IA introduce una transformación menos visible, pero profundamente estructural: el lenguaje se convierte en una herramienta de gestión. El gerente de proyectos ya no necesita programar ni comprender los detalles técnicos de los algoritmos; su competencia clave pasa por saber formular correctamente aquello que necesita analizar, evaluar o decidir. En ese punto, el prompt engineering deja de ser una curiosidad técnica y se consolida como una extensión del pensamiento directivo.
Un prompt no es simplemente una instrucción. Es una forma de ordenar el contexto, explicitar prioridades, definir criterios de calidad y establecer límites. Cuando un gerente solicita a la IA un análisis de riesgos, la calidad de la respuesta dependerá de cómo haya definido el alcance del proyecto, las restricciones presupuestarias, el entorno operativo y los supuestos relevantes. La IA no “piensa” por sí sola: interpreta el marco que se le ofrece.
Triaca destaca que una de las habilidades más demandadas en la actualidad es precisamente saber guiar a estos sistemas para obtener resultados útiles y alineados con los objetivos del negocio, integrando datos, comprensión del contexto y criterio ético
Así, el prompt engineering no reemplaza las competencias clásicas del gerente de proyectos; las reconfigura. Planificar, evaluar riesgos o controlar costos siguen siendo responsabilidades humanas, pero ahora se expresan también en forma de consignas bien formuladas. En ese intercambio, la IA se convierte en un copiloto que amplifica la claridad, mientras el gerente conserva —y refuerza— su rol como responsable último de las decisiones.
Qué es realmente el prompt engineering en proyectos
En el contexto de la gestión de proyectos, el prompt engineering no consiste en escribir instrucciones ingeniosas ni en dominar una jerga técnica específica. Se trata, más bien, de una práctica intelectual: traducir el razonamiento estratégico del gerente en un lenguaje que la inteligencia artificial pueda interpretar y amplificar. Un prompt bien formulado no delega la decisión; ordena el problema.
Cuando un gerente de proyectos construye un prompt, está haciendo explícito aquello que muchas veces opera de forma implícita en su cabeza: qué es prioritario, qué restricciones no son negociables, qué variables merecen atención y cuáles pueden considerarse secundarias. En ese sentido, el prompt funciona como un espejo del pensamiento directivo. La calidad de la respuesta de la IA no depende solo de la potencia del modelo, sino de la claridad conceptual de quien lo guía.
El material elaborado por María López Triaca subraya que una de las habilidades más relevantes en la actualidad es justamente la capacidad de guiar a la IA para que produzca resultados alineados con desafíos reales del negocio, integrando datos, comprensión del contexto y criterio profesional
Desde esta perspectiva, el prompt engineering se vuelve una extensión natural de competencias tradicionales como la planificación, el análisis de riesgos o la gestión del desempeño, pero expresadas ahora en forma de consignas estructuradas.
Elementos que distinguen un prompt profesional
No todos los prompts tienen el mismo valor. Aquellos que aportan verdadero soporte a la gestión de proyectos comparten ciertos elementos que los diferencian de pedidos genéricos o improvisados.
El primero es el contexto suficiente, pero no excesivo. La IA necesita comprender el tipo de proyecto, su etapa, las restricciones principales y el entorno en el que se desarrolla. Sin ese marco, las respuestas tienden a ser abstractas o poco accionables. Sin embargo, un exceso de información irrelevante puede diluir el foco y generar análisis innecesarios.
Un segundo elemento clave es la definición de roles. Indicarle a la IA desde qué perspectiva debe responder —como analista de riesgos, como PMO, como especialista financiero o como asesor en cambio organizacional— orienta el tipo de razonamiento que desplegará. Esta práctica, frecuente en entornos profesionales, permite obtener respuestas más coherentes con la necesidad concreta del gerente.
A esto se suman los criterios de calidad. Un prompt profesional especifica qué se espera del resultado: nivel de detalle, formato, foco en acciones concretas o en análisis comparativo. De este modo, la IA no solo genera información, sino que la entrega en una forma utilizable dentro del flujo del proyecto.
Finalmente, aparecen las reglas para evaluar riesgos, costos o plazos. Incorporar umbrales, supuestos y condiciones explícitas ayuda a que la IA priorice correctamente los hallazgos. El documento de referencia destaca que, al aplicar IA en ejecución y monitoreo, es fundamental definir claramente los objetivos y supervisar los resultados para evitar interpretaciones erróneas o dependencias excesivas de la automatización
Ejemplos breves aplicados a la vida real
La utilidad del prompt engineering se vuelve evidente cuando se observa su aplicación en situaciones cotidianas de la gestión de proyectos. Pensemos en un proyecto digital en una empresa de servicios que trabaja con equipos distribuidos. Un prompt como: “Genera un resumen de riesgos emergentes considerando dependencias técnicas, cambios recientes del backlog y su impacto potencial en el cronograma de las próximas cuatro semanas” permite al gerente obtener una visión sintética y orientada a la acción, difícil de construir manualmente en poco tiempo.
En un contexto distinto, como un proyecto de construcción, el enfoque cambia. Un pedido del tipo: “Redacta un informe de avance que distinga desvíos críticos de desvíos tolerables, evalúe su impacto en costos y plazos, y recomiende acciones correctivas prioritarias” ayuda a transformar datos operativos dispersos en un insumo claro para la toma de decisiones.
Cómo la IA amplifica la capacidad analítica del gerente
La incorporación de inteligencia artificial en la gestión de proyectos no solo acelera procesos: modifica la forma en que el gerente observa, interpreta y anticipa lo que ocurre. Allí donde antes predominaba el análisis retrospectivo —mirar lo que ya pasó—, la IA habilita una lectura más prospectiva del proyecto. Su verdadero aporte no está en “pensar por el gerente”, sino en ampliar su capacidad analítica para detectar señales débiles, evaluar alternativas y sostener decisiones complejas con mayor respaldo.
Análisis de escenarios en segundos
Una de las transformaciones más evidentes que introduce la inteligencia artificial es la velocidad con la que permite explorar escenarios alternativos. Actividades que antes requerían hojas de cálculo extensas, supuestos manuales y tiempo de consolidación hoy pueden resolverse en segundos mediante simulaciones asistidas por IA.
El gerente de proyectos puede utilizar la IA para simular variaciones en plazos, costos acumulados o cargas de trabajo ante cambios concretos: un retraso en una actividad crítica, la reasignación de un recurso clave o una modificación en el alcance acordado. En lugar de evaluar un único plan base, la IA habilita la comparación de múltiples futuros posibles, cada uno con implicancias operativas y financieras distintas.
El manual desarrollado por María López Triaca presenta ejemplos claros de este enfoque al aplicar inteligencia artificial al método de Valor Ganado (EVM). A partir de datos como presupuesto total, avance real y costos incurridos, la IA puede calcular automáticamente indicadores como EV, CPI y SPI, además de proyectar estimaciones a la conclusión (EAC) y costos para completar (ETC) en tiempo real
Para el gerente, esto implica pasar de una fotografía estática del proyecto a una lectura dinámica de su evolución probable.
Toma de decisiones basada en datos, no en intuiciones
El segundo gran aporte de la IA a la capacidad analítica del gerente de proyectos es su habilidad para revelar patrones que suelen pasar inadvertidos para el equipo humano. Al procesar grandes volúmenes de datos operativos —avances de tareas, tiempos reales, consumos presupuestarios, incidencias recurrentes— la IA puede identificar cuellos de botella, inconsistencias o desviaciones incipientes antes de que se conviertan en problemas visibles.
Este enfoque reduce la dependencia exclusiva de la intuición, sin desvalorizarla. El criterio del gerente sigue siendo central, pero ahora se apoya en evidencia más integrada y menos fragmentada.
En la práctica, esto puede significar detectar que una tarea aparentemente secundaria acumula pequeños retrasos que, combinados, terminarán afectando una entrega clave. O identificar que un proveedor cumple plazos, pero genera sobrecostos recurrentes que erosionan el margen del proyecto. La IA no decide qué hacer, pero pone en evidencia relaciones y tendencias que el gerente puede evaluar con mayor claridad.
De este modo, la inteligencia artificial amplifica la capacidad analítica del gerente en dos direcciones complementarias: hacia adelante, al permitir simular escenarios futuros, y hacia adentro, al ofrecer una comprensión más profunda de lo que realmente está ocurriendo en el proyecto. El resultado no es un gerente desplazado por la tecnología, sino uno mejor informado, con mayor margen para ejercer juicio estratégico.
IA en ejecución y monitoreo: dónde el prompt engineering marca diferencia
La fase de ejecución y monitoreo suele ser el momento más exigente del ciclo de vida del proyecto. Las decisiones se encadenan, los desvíos aparecen sin previo aviso y la información circula con distintos niveles de calidad y oportunidad. Es en este tramo donde la inteligencia artificial despliega su mayor valor práctico, siempre que el gerente sepa guiarla correctamente. El prompt engineering actúa aquí como un regulador fino: define qué se observa, cómo se interpreta y con qué nivel de profundidad se informa.
Informes automáticos que el gerente sí puede confiar
Uno de los aportes más visibles de la IA en esta etapa es la generación automática de informes de avance. Sin embargo, la diferencia entre un reporte genérico y uno verdaderamente útil no está en la herramienta, sino en el modo en que el gerente formula la consigna. A través de prompts bien diseñados, es posible definir el foco del informe, el nivel de detalle y el lenguaje más adecuado según el destinatario.
Triaca explica que la IA puede automatizar la programación, la actualización de estados y la elaboración de informes, integrando datos de avance, situación presupuestaria, asignación de recursos y riesgos críticos
Esto permite generar reportes dinámicos que reflejan el estado real del proyecto, en lugar de fotografías tardías construidas a partir de datos ya desactualizados.
Por ejemplo, un gerente puede solicitar un informe orientado a la alta dirección, priorizando desvíos críticos y decisiones necesarias, o bien un reporte operativo para el equipo, enfocado en tareas pendientes y dependencias inmediatas. El prompt define el tono —ejecutivo, técnico o pedagógico— y la granularidad de la información. Así, la IA deja de ser un generador masivo de texto y se convierte en un asistente confiable para la comunicación del proyecto.
Reuniones asistidas por IA
Las reuniones de seguimiento son otro espacio donde el prompt engineering marca una diferencia sustancial. La IA puede transcribir conversaciones, identificar acuerdos, registrar decisiones y señalar temas pendientes, pero su verdadero valor emerge cuando el gerente orienta ese procesamiento hacia la acción.
Triaca destaca que la inteligencia artificial facilita la toma de notas, la categorización de información y la generación de resúmenes claros, accesibles para todos los involucrados. Un prompt como “genera una minuta accionable que priorice riesgos, compromisos asumidos y responsables” transforma una reunión extensa en un insumo operativo inmediato.
En proyectos complejos, donde participan múltiples áreas o proveedores, esta capacidad reduce pérdidas de información y ambigüedades posteriores. La IA no solo resume lo dicho, sino que ayuda a estructurar el seguimiento: qué se decidió, quién debe actuar y en qué plazos. El gerente conserva el control del proceso, mientras la IA se encarga de ordenar y hacer visible aquello que suele diluirse entre intercambios informales.
Monitoreo en tiempo real sin sobrecargar al equipo
El monitoreo continuo es esencial para sostener el rumbo del proyecto, pero también puede convertirse en una carga administrativa que agota al equipo. La IA ofrece una alternativa al automatizar la recolección y el análisis de datos operativos, siempre que el gerente defina con claridad qué indicadores son relevantes y cuáles no.
Permite rastrear datos en tiempo real y generar indicadores de salud del proyecto vinculados al cronograma, el presupuesto, el uso de recursos y los niveles de riesgo. A través de prompts adecuados, el gerente puede establecer umbrales, prioridades y alertas predictivas que eviten tanto la saturación de información como la detección tardía de problemas.
Imaginemos un proyecto con múltiples frentes de trabajo. En lugar de solicitar reportes manuales constantes, el gerente puede apoyarse en dashboards inteligentes que comparan automáticamente el plan con la ejecución real y activan alertas solo cuando se superan ciertos límites. De este modo, la IA actúa como un sistema de vigilancia silencioso, que protege el foco del equipo y permite intervenir a tiempo sin generar burocracia innecesaria.
Los límites éticos del copiloto: cuándo la IA debe detenerse
La metáfora del copiloto resulta útil también para pensar sus límites. Así como en una cabina de vuelo el sistema asiste, alerta y sugiere, pero no reemplaza al piloto en decisiones críticas, la inteligencia artificial en la gestión de proyectos requiere marcos claros de uso responsable.
Riesgos señalados por la literatura
La adopción de IA en proyectos no está exenta de riesgos. El manual elaborado por María López Triaca identifica una serie de desafíos recurrentes que funcionan como señales de alerta para los gerentes de proyectos que incorporan estas tecnologías en su práctica cotidiana
Uno de los principales riesgos es la calidad de los datos. La IA depende de información previa para generar análisis y predicciones. Cuando los datos son incompletos, inconsistentes o están sesgados, las conclusiones pueden ser engañosas. En proyectos complejos, donde conviven múltiples fuentes de información, este problema puede amplificarse y derivar en decisiones aparentemente “objetivas”, pero mal fundamentadas.
A esto se suma la dependencia excesiva de herramientas automatizadas. La comodidad que ofrece la IA al generar informes, diagnósticos o escenarios puede llevar a una delegación progresiva del juicio crítico. El documento advierte que apoyarse sin supervisión en los resultados de la IA puede debilitar habilidades clave del gerente, como el análisis contextual y la evaluación cualitativa de situaciones ambiguas.
Otro riesgo relevante es la interpretación incorrecta de los resultados. Las salidas de la IA suelen presentarse con un alto grado de coherencia formal, lo que puede generar una falsa sensación de certeza. Sin el conocimiento adecuado para leer esos resultados —y cuestionarlos cuando sea necesario—, el gerente corre el riesgo de tomar decisiones basadas en correlaciones que no representan causas reales.
Finalmente, aparecen los problemas de seguridad y privacidad de los datos, especialmente en entornos sensibles. Proyectos que manejan información financiera, datos personales o estrategias competitivas requieren un control estricto sobre qué información se comparte con sistemas de IA y bajo qué condiciones. El material enfatiza que no todas las plataformas ofrecen entornos seguros, y que este aspecto es crítico para la profesión
Decisiones que deben seguir siendo humanas
Las negociaciones son un ejemplo claro. Ya sea con clientes, proveedores o equipos internos, negociar implica leer contextos, interpretar señales no explícitas y gestionar relaciones de largo plazo. La IA puede ofrecer escenarios o preparar argumentos, pero no reemplaza la sensibilidad humana necesaria para cerrar acuerdos sostenibles.
Los cambios de alcance sensibles constituyen otro punto crítico. Decidir si un proyecto debe redefinir sus objetivos, ajustar entregables o modificar compromisos asumidos no es solo una cuestión técnica. Involucra expectativas, confianza y, muchas veces, consecuencias políticas dentro de la organización. Delegar este tipo de decisiones a un sistema automatizado puede erosionar la legitimidad del liderazgo.
También deben permanecer en manos humanas las evaluaciones de impacto social o laboral. La IA puede estimar costos o eficiencias, pero no puede ponderar adecuadamente cómo una decisión afecta a las personas involucradas, la cultura del equipo o la reputación de la organización. En estos casos, el criterio ético y la responsabilidad profesional del gerente son irremplazables.
Formar gerentes que sepan conversar con la IA
En este nuevo escenario, formar gerentes que sepan conversar con la IA implica mucho más que enseñarles a usar una plataforma: supone entrenar una forma de pensar, de preguntar y de decidir.
En ADEN, la formación deja de centrarse únicamente en metodologías o marcos de trabajo y pasa a incluir competencias de interpretación, supervisión y toma de decisiones asistida. A través de una formación que combina fundamentos conceptuales, análisis de casos y aplicación práctica, se busca que el profesional domine esta nueva competencia: diseñar prompts que alineen estrategia, datos y criterio humano, y que conviertan a la inteligencia artificial en un verdadero copiloto para proyectos cada vez más complejos.
Preguntas frecuentes finales
A partir de la lectura de esta nota es natural que surjan preguntas para quienes buscan formarse. A continuación, se brindará un resumen.
¿Qué es prompt engineering?
El prompt engineering es la práctica de diseñar instrucciones claras, contextualizadas y estratégicas para interactuar con sistemas de inteligencia artificial. En gestión de proyectos, implica traducir objetivos, prioridades, restricciones y criterios de decisión en consignas que orienten el análisis de la IA. No se trata de “pedir algo”, sino de estructurar el problema de forma que la respuesta sea útil, accionable y alineada con el negocio.
¿Cómo identificar si un prompt está mal diseñado?
Un prompt suele estar mal diseñado cuando genera respuestas genéricas, poco aplicables o desconectadas de la realidad del proyecto. También cuando devuelve información correcta en forma, pero irrelevante en fondo. Señales comunes son la falta de contexto, consignas demasiado amplias, ausencia de criterios de evaluación o resultados que no ayudan a tomar decisiones concretas. Un buen prompt reduce ambigüedad; uno deficiente la amplifica.
¿Es posible usar IA en proyectos pequeños?
Sí, y en muchos casos es donde más valor aporta. En proyectos pequeños, la IA puede ayudar a organizar tareas, anticipar riesgos simples, generar reportes claros o comparar escenarios sin necesidad de estructuras complejas. La clave está en ajustar el uso a la escala del proyecto: no se trata de sofisticación, sino de eficiencia. La IA no exige grandes presupuestos, sino claridad en el propósito.
¿Cómo mantener el control humano sobre la IA en proyectos?
El control humano se mantiene cuando la IA se usa como sistema de apoyo y no como decisor automático. Esto implica revisar críticamente sus resultados, contrastarlos con la experiencia del gerente y definir con claridad qué decisiones no se delegan. El gerente conserva la responsabilidad sobre negociaciones, cambios sensibles, impactos humanos y juicios éticos. La IA aporta información; la decisión sigue siendo humana.
¿Qué tipo de formación necesita un gerente para trabajar con IA?
Un gerente necesita una formación que combine tres dimensiones: comprensión conceptual de la IA, desarrollo de habilidades de prompt engineering y criterio estratégico para interpretar resultados. No se trata de aprender a usar herramientas aisladas, sino de integrar la IA al rol directivo con responsabilidad y visión de negocio. En este sentido, los programas especializados de ADEN están orientados a formar profesionales capaces de incorporar la inteligencia artificial a la gestión de proyectos de manera estratégica, ética y aplicada, preparando al gerente para liderar en entornos cada vez más complejos y asistidos por tecnología.


